Parque Tayrona playa mochilero

Memorias al atravesar el Caribe colombiano

Qué terror a veces cruzar una frontera sin saber aquello que hay más allá, siendo advertido del supuesto peligro que encontrarás, si te servirá CADIVI o deberás pasar penurias por muchos días. Fueron algunas de las cosas que pasaron por mi mente pero nuestra ambición de viajarlo todo creo que pudo más.

Este fue un viaje que hice junto a mi amigo Gustavo Celis. Ambos nos pusimos entre ceja y ceja el sueño de conocer la mayor cantidad de paisajes de la región costeña de la nación hermana, Colombia. Debía realizarse a toda costa, valga la ambigüedad de la frase, limitados por la disponibilidad de divisas y tiempo.

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Cartagena nos recibe.

Solicitándole parlay al pirata

Parlay era la palabra clave que se usaba entre piratas para solicitar una negociación a la hora de los problemas. Era una especie de “no me dejes morir”. Exactamente lo que Gustavo y yo tuvimos que pedir el día de nuestra llegada a la ciudad de Cartagena.

Era día uno de este viaje, en el mes vacacional para todos los colombianos, en la ciudad más turística del país (diría yo) y no teníamos reservación en ningún hostal. La receta perfecta para pasar una noche sin techo, lo más probable en una plaza haciendo guardias para vigilar el equipaje mientras el otro duerme. Buscamos por horas en todo Getsemaní un hostal para pasar la noche, lo que se volvía una tarea imposible con la ciudad abarrotada. De pronto un señor nos ve caminando con nuestras mochilas y nos dice
-Ey, ¿están buscando hostal? Síganme. 

Lo obedecimos en medio del desespero, prácticamente sin pensarlo. Él tocaba las puertas de hostales y varias casas haciéndonos dar vueltas por el barrio completo. Al rato el sentido común y de desconfianza estaba regresando a mi para preguntarme:
-¿Qué rayos haces detrás de este desconocido en esta calle oscura?

Momento en que este extaño nos dice:
-¡Entren conmigo acá! Ahora mismo, ya. Solo Gustavo fue tan impulsivo para hacerle caso a este hombre de dudosa procedencia para entrar en una casa abandonada, enorme y oscura sin un bombillo. Solo podías ver 1 metro hacia el interior de esta, el resto era la misma penumbra.

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Desde que ellos entraron pasaron unos 20 minutos que para mi parecían horas. Yo estaba lamentando el secuestro de mi amigo a manos de la guerrilla, “¿Cómo es que entró a esta guarida criminal a pesar de mis advertencias? ¿Cómo le contaré esto a Lala, su mamá?” me preguntaba.

Hasta que al fin se oye una voz y salen de la casa. Se trataba el hogar de un señor llamado el pirata que a falta de un ojo lucía su característico parche. Tras Gustavo negociar con él nos dio alojo por entregarle US$ 5  más un cigarro. El edificio era muy antiguo, algunas partes del suelo y del techo colapsaban. El colchón en el suelo hedía y era lo único que había en la enorme habitación. No había baño por lo que debías salir corriendo a la calle a buscar alguna botella para deshacerte de tu necesidad.

No nos importó nada de eso. El mismo pirata con su personalidad, empatía y carisma compensó todo. Con él charlamos ratos muy largos en los que nos mostró su preocupación por la crisis que atraviesa Venezuela. Fue una verdadera pena decirle adiós cuando debimos partir el día siguiente para encontrar un hostal.

Los mejores atardeceres costeños

Sin duda pudimos verlos en la misma Cartagena, Playa Blanca en la Isla Barú. También en el malecón de Santa Marta.

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Cartagena, que gran impresión me llevé de ti.
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En Playa Blanca cae el sol mientras Gustavo trata de capturar el momento y un niño de la isla prepara las redes de pesca.
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En Santa Marta fue como de mentira, no lo podía creer. Uno de los más hermosos que he visto.

La comida de camping más gourmet

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Perico, bien sazonado con su cebolla y un aguacate. Para rellenar un pan árabe.

El sueño más anhelado del viaje

Gustavo y yo habíamos hablado sobre la posibilidad de divisar desde el avión a la Sierra Nevada de Santa Marta. Calculamos el posible trayecto del vuelo y la posición que debíamos tomar en los asientos pero no nos dejaron seleccionarlos. Todo se vino abajo. Para nuestra fortuna más de la mitad del avión venía vacío y pudimos pasearnos infantilmente por todos los asientos hasta molestar a las azafatas y hasta que finalmente apareció la roca repleta de nieve frente a nosotros.

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La Sierra Nevada de Santa Marta. Sus picos más altos superan los 5700msnm siendo considerada la serranía litoral mas grande del planeta,

Invasores interceptados a plena luz pública (¡qué vergüenza!)

La meta de conocer al Parque Nacional Natural Tayrona se vio frustrada en nuestro primer intento. Se agotaron las entradas y debimos comprarla para el siguiente día. Como la mayoría debimos buscar un lugar para pasar la noche. El grueso de la población actúa usando la razón, a nosotros a veces nos cuesta. Mientras todos iban a hostales en la playa de Palomino nosotros por otro lado seguimos una recomendación de una señora en la fila que nos había engatusado con la idea de ir a una playa secreta.

En la misma fila conversábamos con una pareja de Bucaramanga con los que acordamos aceptar la propuesta de la señora. Claro, si a uno lo van a estafar es mejor que no lo estafen solo. Al rato la señora se desapareció entre la gente y solo nos quedamos con “Los Naranjos” el nombre de esta playa oculta y el deseo de conocerla.

Luego de una hora, la búsqueda implacable de Los Naranjos nos llevó a los bumangueses y a nosotros dos a una carretera que conducía al mar. Allí me llama la atención un señor que usaba una manguera y estaba mojando un par de mangos en el suelo como si fuera salir de allí la mata de mango. Le dije:
-Señor, ¿está regando los mangos? – a lo que se rió y respondió
-Para allá es privado. Si quieren ir dicen que son de Wiwa-

Sin saber que significaba, Wiwa se convirtió en la palabra clave para pasar a esta propiedad privada, al decírsela al vigilante él solo abrió la puerta. Comenzaron a aparecer hermosos complejos hoteleros los cuales ninguno de nosotros cuatro estaría dispuesto a pagar. Hasta que frente a nosotros apareció la playa que consideré la más hermosa que conocí en Colombia. Era la playa prometida de Los Naranjos en nuestros ojos. Junto a nuestro amigos bumangueses Cindy y Carlos, dimos gracias a Wiwa.

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Los Naranjos fue un verdadero paraíso. La foto de portada también es allá.

Amamos tanto Los Naranjos que nos entristecía solo pensar en perderla. Nos pareció más justo pasar la noche allí antes de respetar el hecho de que fuese privada. Cindy era la única sin adherirse al plan: dormir en la arena de esta playa privada procurando no ser vistos. Era la única alternativa. escogimos rápidamente un lugar para establecer un campamento, uno donde la visibilidad desde los hoteles fuera escasa.

Como las carpas serían muy llamativas preferimos entonces dormir sobre los sleeping bags. Entre risas y recordar la palabra Wiwa, en medio de la noche apareció de forma súbita un haz de luz que provenía de uno de los complejos hoteleros. Era el presagio de que pronto allanarían nuestra invasión.

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En el día así se veía el Resort que emanaba aquella luz.

La linterna o faro dirigió su luz hacia nosotros hasta finalmente apuntarnos. Esperábamos lo peor, un disparo de arma larga, que llamaran a la policía y estar presos en el extranjero como en tv. Mi reacción fue correr hasta una piedra donde me oculté y desde esta roca asomé mi cabeza para decirle a los muchachos
-Vengan, ¡escondámonos aquí!
El alumbrador ahora enviaba la luz directo a mi cara. Todo estaba perdido.
Fue una hora completa de iluminarnos constantemente con nuestros nervios a estallar, no se cómo esa persona se divertía tanto con vernos. Esperamos a que las amenazas cesaran hasta que pudimos dormir al fin en paz sin importarnos el estar a la intemperie.

La nostalgia de los que se nos van

Conocimos a Jessika, ella estaba en el vuelo de ida. Nos contó que no conseguía trabajo en Venezuela pero sí en Barranquilla, que ella estaba allí porque era el día que migraba a Colombia. Al seguir la historia no pudo contener sus lagrimas y ese fue el fiel recordatorio de la realidad en que vivimos, donde hay muchos obligados a partir con el alma partida por dejar el corazón en casa.

 

El viaje en números

Número de días de viaje: 13
Noches en hostal: 5
Noches acampando: 3
Noches durmiendo en el pasillo de un hotel de carretera: 1 (y no más gracias a Dios)
1 noche en casa del pirata.
Noches a la intemperie: 2

Dormir a la intemperie suena para la mayoría como demasiado extremo. Sin embargo, las playas tropicales son ideales para dormir en tu sleeping bag sobre la arena, sin necesidad de armar la carpa, el clima casi siempre es favorable, estando un poco arropado no te congelarás de frío y en la estación de sequía es poco probable que llueva.

Autostop o colas
Autostop obtenidos/ Intentos de autostop: 1/1
Lamentablemente no nos dedicamos a pedir más con el fin de aprovechar más el tiempo.

Horas en mototaxi: 1

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Gustavo en el mototaxi.
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Preferimos usar el transporte público de los lugareños, como el mototaxi, antes de usar el de los turistas, las cómodas lanchas. De esta forma aprendemos como viven en este caso los costeños y cual es su realidad. Además se ahorran unos pesistos (qué bueno).

Una sección para recordar a nuestros colombiamigos

“Este es para mí el paisaje más hermoso y el más triste del mundo. Es el mismo paisaje de la página anterior que he dibujado una vez más para que lo vean bien. Fue aquí donde el principito apareció sobre la Tierra, desapareciendo luego.” ANTOINE DE SAINT – EXUPÉRY, El Principito

Para mi los paisajes más hermosos y tristes del mundo eran los mismos que habíamos visto antes pero que ahora los veíamos sin nuestros amigos, los que hicimos durante el viaje. Por sus nacionalidades eran:

Venezuela: Jessika
Argentina: Elena, Cintia Gutierrez, Malcom, Sofía, Pato, Martín, Federico y Dayana.
Reino Unido: Courtney, Michelle y Niall.
Italia: Martina Bertucco
Francia: Fanny Fanaye
Colombia: Cindy, Carlos, Natalia, William, Edward, Oscar, Alessandro, Karina y Juanita
USA: Tammy Andrews, Jeffree
México: Victoria, Transito y Jesús.

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Elena desde lo más alto del Castillo San Felipe de Barajas. ¡Te extrañamos!
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4 comentarios en “Memorias al atravesar el Caribe colombiano”

  1. Henryyy!!! He leido mas de dos veces esto!! Un viaje brutal, espectacular, como la vida deja alucinantes experiencias una excelente experiencia mochilera, Colombia es espectacular!!!! Me alegra que se hayan llevado lo mejor de este pais, al igual henry y gustavo nos dejaron lo mejor de venezuela para no dudar en ir a conocerla, calidad de seres humanos, personas increibles reimos mas de lo que pudimos haber hablado, jajajaj una playa inolvidable los naranjos, wiwa una palabra que nos dio paso a una playa privada donde reimos y vimos un compañero huir jajajajaj y no era la mejor opcion jajaj una luz que me hizo reir como nunca, esperando caimanes😱 es maravilloso ese lugar, viva Colombia!!!! Y que viva Venezuela!!!! Carajo un abrazo enorme y siempre la mejor energía.

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