Pedir cola autostop aventón Gran Sabana

Tomando la cola más larga de mi vida

Fueron 552km de agradecimiento, intercambio cultural y de hasta casi perder la vida. 552km de hazaña en una cola (o autostop) que obtuvimos con mucho esmero y empleando todos los recursos posibles. Hasta la fecha no he conseguido otra cola tan larga. Desde San Francisco de Yuruaní, en pleno corazón de la Gran Sabana hasta Ciudad Guayana.

Rafael, brasileiro de Manaus, era el conductor. Él venía de regreso a toda prisa desde esa capital amazónica de Brasil hacia Ciudad Guayana donde lo esperaban su esposa e hijos. Recientemente se acababa de mudar con ellos a Venezuela. Él y su copiloto Pablo, eran pastores evangélicos cumpliendo su misión por el mundo. Hoy día sigo dando gracias a esta religión por acostumbrar dar colas, pues ya es la 2da que recibo de parte de gente de esta iglesia.

Al borde de la carretera o, mejor dicho, de la muerte

La aguja del velocímetro casi nunca bajó de los 120km/h. Yo trataba de ir sacándole conversación a Rafael y Pablo pero los nervios tenían mi mirada vigilando la velocidad registrada. Era mucha la angustia que llevabamos, pues en esta camioneta pickup iban en la parte trasera Gustavo, Rafael Oliveros, Ángel y Eduardo. Ellos parecían estar a punto de irse volando con la brisa. Dentro de la cabina, en la fila trasera de asientos íba yo junto con Lívia, mi amiga quien voló por horas desde Brasil para viajar con nosotros al Roraima.

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Inocentes de lo que ocurriría: Eduardo, Rafael, Gustavo y Ángel.  De izquierda a derecha.

Tristemente, a unas 3 horas de camino, dejábamos atrás a la Gran Sabana, había que despedirse de ella para ahora atravesar la espesa selva de la Sierra de Lema. Un descenso de 1000 metros por estas montañas por donde la carretera tenía curvas cada vez más pronunciadas y Rafael, o brasileiro, en su apuro por llegar seguía aumentando la velocidad.

Hasta que llegó la curva fulminante. Todos nos miramos ese momento en que el tiempo parecía haberse detenido. La camioneta Ford Ranger se salía de su carril, pues los cauchos perdieron el agarre sobre el asfalto e íbamos directo al abismo. Cada quién agarraba su manilla del techo encomendándose al Señor y recordando los mejores momentos de su vida. En aquella escena el chasis crujió y rozábamos la cuneta en cámara lenta y en mute para que luego intercediera como la mano del Dios que protege a estos religiosos.

Instante en el que ¡Sas! volvemos a la vía y que nuestros pálidos rostros y fríos cuerpos parecen recibir nuevamente  sus almas que estaban ya tomando partida.

Llegamos sanos, a salvo y en tiempo récord, en unas 6 horas a una posada en el Oeste de Ciudad Guayana, en Puerto Ordaz.

Cómo conseguimos esta cola

Estos milagros no abundan como arroz por lo que fue dificilísimo para nosotros hacer realidad este autostop. Era hora de volver a casa luego de haber subido al monte Roraima, tepuy que ascendimos en un grupo de 20 que terminamos siendo muy amigos. A pesar de la amistad terminamos dividiéndonos en los que ansiaban volver rápido y los que no queríamos regresar a la realidad.

Ese día de retorno inició una huelga del sector transporte que nos dejaba sin buses para volver. Una tremenda excusa para buscar nuevas aventuras. Comenzamos desde la mañana parados en la carretera a hacer la señal de costumbre del brazo extendido y pulgar hacia arriba para conseguir la cola, todo con un vigor que parecía inagotable. Gustavo convalecía en el suelo por una terrible otitis que torturaba su oído con un dolor que no le permitía ni estar de pie.

Gustavo fue asistido por Francisco, un pemón de la localidad que lo llevó voluntariamente en su moto al ambulatorio. ¡Qué calidad humana la de la comunidad pemón!

Comenzaba a pegar el sol de la 1pm y con él un hambre espantosa. Ya que el presupuesto se esfumaba debíamos cocinar, y o sea ¿quién es tan master en mochilero para cocinar mientras pide cola? Uno a uno fuimos desistiendo de alzar el dedo pulgar. Todos menos a minha amiga brasileira Lívia, ella nunca se rendía y se le acercaba a todos los conductores para hablarles en el idioma que fuese necesario.

Portugués: Carona, carona!Pode me dar uma carona?
Español: ¡La cola!

Missioneiro de Ferro

Era Dios hecho pick up, listo para recoger al necesitado. Missioneiro de Ferro (misionero de hierro) era la inscripción que llevaba en el parabrisas aquella camioneta Ranger que frenó seducida por el dedo gordo de Lívia, quien le habló a este par de amigos disparejos y los convenció de llevarnos a Ciudad Guayana. La felicidad no nos cupo.

Mis amigos Rafael Oliveros, Ángel, Eduardo y Gustavo tuvieron la fortuna de ver desde ese palco VIP a la Gran Sabana, su  inmensidad y sus tepuyes. El dolor de la otitis de Gustavo se fue curando con la alegría de admirar estos parajes mientras todos disfrutábamos el estar rumbo a lo desconocido.

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Diciendo adiós a la Gran Sabana. Esta y la foto anterior fueron tomadas por Gustavo Celis. La primera por este servidor quien les escribe.
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Un comentario en “Tomando la cola más larga de mi vida”

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