Nuestro encuentro con el Chupacabras de Lara (fotos + que horror)

Nos habían hablado maravillas sobre aquella hermosa vista que podíamos obtener si conseguíamos llegar a la famosa “vertiente”Maravillas, decían…

La vertiente es el nombre que los lugareños le dan al punto más alto de la Cascada del Vino. Ésta también fue una recomendación del francés Esteban, quien nos daba hospedaje en su posada a tarifas extremamente solidarias, más bajas que precio de estudiantes, diría yo.

Amanecer insólito en los Andes larenses.
Amanecer insólito en los Andes larenses.

Entonces luego de ver un colorido amanecer andino, dijimos adiós a la posada y éramos solo nosotros tres: Gustavo, Miguel y yo, en la vasta soledad del Parque Nacional Dinira en los Andes larenses. Nos lanzamos a caminar por la carretera que atraviesa el parque, vía en la cual pasa un carro cada 4 horas aproximadamente. O sea, no había ni un alma en kilómetros. Por eso estábamos rodeados únicamente de esa peculiar vegetación que aparece a estos 1800msnm, que tiene aspecto de ser una hermosa mezcla del desierto caroreño con un páramo, envuelto todo en un agradable clima donde nunca hacía calor pero sí temíamos del frío de la noche.

Seguimos las indicaciones al pie de la letra. Primero llegar a un lugar donde estaba una casetilla con una cruz de estas que ponen cuando alguien muere en la carretera. Primer mal augurio. Luego debíamos cruzar a la izquierda e ir como buscando la quebrada del Vino hasta llegar al acantilado donde la misma caería en cascada.

Caminamos casi 1km y nada que aparecía la quebrada, decidimos desertar, regresar a la carretera a ver en qué nos habíamos equivocado. De pronto con el rabo del ojo vi algo oscuro entre el suelo que llamó mi atención para voltear. Y al dirigir mi mirada hacia esto que estaba como a 5 metros de mí, me doy cuenta que es un animal de aspecto terrorífico cuyos dientes parecían ser más grandes que su rostro.

Dios
Dios nos guarde.
Allí estaba él.
Allí estaba él.

Para nuestra fortuna su cuerpo estaba tendido inmóvil en el suelo, pues ya su vida había acabado recientemente y no acabaría él con las nuestras. Y por mi mente pasó primero: no es un perro. Luego: no es un gato. Y después: ¡miércoles! Muchachos, vengan a ver esto. Habíamos hallado el cadáver de un animal desconocido para nosotros. No tenía rasgos exactamente de canino ni tampoco de felino.

Ya comenzábamos a sacar conclusiones. Miguel: chamo es un cunaguaro, Yo: es un puma cahorrito. Y Gustavo, quizá la menos acertada: Estoy completamente seguro de que es un dinosaurio, alégrense: saldremos en Discovery Channel. Nuestro debate arqueológico o de zoología, no lo sé, duró como una hora hasta que nos cansamos de ver el animal que terminamos apodando el chupacabras.

Quebrada del Vino
Quebrada del Vino
Al fin vertiente
Al fin vertiente

Finalmente encontramos el rumbo a la magnífica vertiente y luego tomamos partida de regreso a la posada. Emocionados, a penas al llegar, le contamos todo al francés. Tal parece que le hicimos creer que nos habíamos encontrado con una auténtica bestia, pues las fotos exageraban toda experiencia real. Además él creía que ese animal le había cobrado la vida a la vaca de un vecino la cual había muerto misteriosamente. Tal cual chupacabras.

Él, atónito, llamaba con voz afrancesada a su esposa:

Rosa, Mi amor ¡Ven a ver esto! Mirrra esas fotos

Conmociomado, se obsesionó con la idea de hacerse dueño del animal, o lo que quedaba de él más bien: la pura piel seca, los huesos, y la hediondez. Nos pidió que al día siguiente lo acompañáramos a buscar su cadáver. Él quería identificar qué especie era y exhibirlo en un museo que prometió que fundaría.

Nosotros, con una enorme deuda con él por tanto que nos había ayudado, debimos decir que sí bajo cualquier condición.

El levantamiento del cadáver

Eran las 4 de la madrugada y Esteban nos lanzó a buscar al chupacabras sin un rayo de luz, excepto por el de la linterna que usábamos. Estábamos allí en ese lugar que le habíamos huido pero ahora con un frío salvaje y sin encontrar el animal.

Esteban desde su camioneta nos apuraba preguntándonos con su acento guaro-francés:

-¿Ya está listo?

-¿Lo encontrrrrrarron?

Y nosotros sin encontrar nada. Toda la presión caía sobre nosotros, pues él quería recoger rápido al chupacabras para luego irse a cumplir su trabajo de carro por puesto de la zona.

Finalmente, Gustavo dio en el clavo al reencontrarlo. El resto del procedimiento fue bien tétrico, pues para evitar los desagrados había que levantarlo con una bolsa negra, como si fuésemos el CICPC. Yo me la di del valiente y me puse al tieso en mis brazos como a un bebé, evitando que se dañara.

El rostro de decepción de Esteban fue memorable. Es que exageramos tanto la historia que quizá él juró que se trataba del cuerpo de un OVNI, el de un Duende, que se yo. Quizá Esteban era quien más quería salir en History o Discovery en esos documentales medio pavosos. 

El francés solo lo colocó amarrado sobre su camioneta, nos subimos y él continuó conduciendo. Había ahora que aprovechar de ir con él a la siguiente población en tamaño, El Tocuyo, donde nos podíamos encontrar con mi familia para que ayudasen a que volviéramos a la vida citadina.

Buscando al sabio de la montaña

Les recuerdo que Esteban también trabajaba de carro por puesto, entonces debíamos buscar a los demás pasajeros que se embarcarían hacia El Tocuyo, sin embargo el francés deseaba pasar antes por la finca de un amigo suyo que al parecer tenía altos conocimientos en cultura popular larense. Un tipo de chamán guaro que supuestamente podría decirnos género y especie del animal.

Cuando nos encontramos con él, Esteban, poniéndole el animal frente a su cara, le pregunta:

-Mira ¿tú no sabes qué animal es este? Lo encontramos muerto por ahí

El señor, afectado por la presbicia y la sordera por tantos años que tenía, no conseguía identificar la bestia. Todo aunado a la penumbra en la que nos encontrabamos en aquella madrugada sin sol. Él le preguntó a Esteban:

-¿Quéjeso un gato? ¿Eso ta’ vivo?

Esteban, fúrico, volvió a amarrar al tieso y seguimos nuestra ruta.

De carro por puesto a coche fúnebre

Aún el sol no había salido y ya se terminaba de llenar la camioneta de pasajeros. Recuerdo que en total cabían unas 10 personas más el francés. A medida que cada pasajero subía se iban sumando cuentos al camino y con ellos las risas, de tal manera que pasaban más rápido los kilómetros en ese viaje de casi 4 horas entre montañas de los Andes larenses.

La samurai de Esteban se abre paso entre las monatañas.
La Toyota samurai de Esteban se abre paso entre las monatañas. Foto Gustavo Celis.

El hallazgo más gracioso e incómodo para los pasajeros era descubrir que el olor a putrefacción que se sentía por ahí venía del techo de la camioneta, lo que les hacía decir:

-Francés ¿Qué es eso que huele tan mal?

A lo que él respondía

– Es que es el muerto que llevo ahí arriba, ¡es que ya esta jediendo’!

Y luego del terror volvían las risas cuando él aclaraba que hablaba de un animal y contaba el resto de la bizarra historia.

Identificando al tieso
#ParaViajarSabiendo

Habiendo lamentado la muerte del animal nos dispusimos a investigar. Fueron varios libros que hubo que desempolvar para poder identificar la especie del animal y desmentir definitivamente que se tratara del chupacabras.

El animal llamado Cuchicuchi (Potos flavus) parecía ser el ideal, además este es bien conocido en Lara. Sin embargo rasgos como su cola prensil, sus grandes orejas y la forma de su rostro no coincidían en nada con nuestro hallazgo.

cascada del vino estado lara parque nacional dinira

El siguiente prospecto fue el perro venadero (Speothos venaticus), quizá el más raro de la lista. Es que sus afilados y tenebrosos dientes eran lo que al fin encontrábamos en común entre mamíferos como el nuestro. Esta hipótesis no duró mucho, había que recordar que las patas de nuestro animal eran como aletas y no de un canino como el perro venadero. ¡Descartado!

Patas
Patas en detalle.

Entonces estábamos más cerca con este rasgo elemental: patas similares a aletas. Los mustélidos como el perro de agua (Pteronura brasiliensis) tienen esa característica que sus patas tienen membranas de natación entre sus dedos. Entonces tenía que tratarse de un pariente del perro de agua.

Nuestra siguiente teoría fue del mustélido llamado hurón mayor (Eira Barbara). Su aspecto y morfología coinciden muchísimo.

Conversaciones de Miguel con un estudiante de biología nos ayudó a obtener un nuevo nombre: la comadreja de cola larga (Mustela frenata) que también es un mustélido cuyas características se acercan aún más a nuestro querido mamífero. La principales diferencias con el hurón mayor son el tamaño (el hurón es más grande) y ciertos detalles en las formas de ambos.

Más ciencia y vida. Abajo la cacería

Lamentamos enormemente la muerte de esta criatura, lo importante de haberla encontrado es que al menos tenemos conocimiento de que aún la especie existe y habita nuestras tierras. Además esto nos motiva enormemente a investigar más sobre zoología y a conocer cuáles animales están en peligro de extición.

Cuando vayas al campo trata de hablar de que hay especies están en peligro de extinción y que cazarlas es lo que ha llevado a esto. Muchos campesinos cazan sin tener idea que el animal dejará de existir para siempre y solo cazan por ignorancia creyendo a veces que cualquier animal silvestre es agresivo y los atacará.

Un recuerdo del primer día yendo al PN Dinira.
Un recuerdo del primer día yendo al PN Dinira. De izquierda a derecha: Atrás Miguel y Gustavo. Adelante voy yo con nuestro amigo el francés Esteban

La foto de portada de este artículo donde aparece la Cascada del Vino es de mi amigo viajero Gustavo Celis. El resto son de Henry Aguiar, quien les escribe este artículo.

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3 comentarios en “Nuestro encuentro con el Chupacabras de Lara (fotos + que horror)”

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