Travesía al Norte de Mérida (parte 3)

Día 5 – Cumbre o Nada

En el páramo de La Culata era la cuarta noche en carpa de este viaje entre montañas merideñas. Habíamos abandonado nuestras rutinas de ciudad con la esperanza de encontrar algo mejor y así iba sucediendo.

Páramo de La Culata
Al llegar al Páramo de La Culata

Lamenté que en esta pernocta no todo iba de maravilla. Nuestros vecinos de camping, nunca antes artistas pero hoy sí (gracias al ron), se dedicaron a cantar toda la bendita noche, de las formas más desafinadas posibles; actuaban tal como cualquier borracho que habla y canta durísimo.

Mientras era como eso de las 2 am, yo sin poder domir, me preguntaba:

¿Quien rayos trae una guitarra para acá si en este lugar llueve tanto, y de broma puedes cargar con los 15kg de tu  mochila?

Ojalá se les moje esa guitarra y se dañe

Aun no salia el sol. Y parecía que no iba a salir jamas.

Amanecer andino
Amanecer andino

Hasta que amaneció el día 5 con un clima que no sabíamos qué era. Habían nubes que querían cubrirnos y a la vez un sol que no conseguía mostrarse por completo. Nuestras ansias solo se calmarían con recibir el más mínimo calor de un solo rayito de sol.

Debatimos en ese momento si era prudente salir a cumplir este anhelo tan grande del viaje que era subir hasta la cumbre del pico Pan de Azúcar. El clima era incierto así que cualquier decisión sería también incierta. Inexpertos nos atrevimos a avanzar dejando las carpas armadas y llevando “solo lo necesario”.

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¿descansamos?

La palabra que todos esperaban oír de quien fuese para inmediatamente lanzarse al suelo a tomar un suspiro. Y fue en uno de estos descansos que nos alcanzó Barney. Alguno del grupo mencionó el nombre del dinosaurio, a lo que otro pregunta:

-¿Quién es Barney?

-Ahí viene. ¡Shhhh!

Todo tomaba sentido cuando te volteabas y veías a un muchacho vestido todo de morado: chaqueta, short, zapatos, medias, o por lo menos así lo recuerdo. Es que nadie se viste así. La cosa es que el hombre así se quedó con ese nombre que lo repetimos muchísimo sin que él lo supiera y si , Barney, estas leyendo esto te pido disculpas honestamente.

Cruzamos palabras con él en ese momento para ver si iba al Pan de Azúcar. Cuando oímos el sí, nuestras mentes decían

Este es el hombre, no nos perderemos si lo seguimos.

La cascada del duende y su campamento
La cascada del duende y su campamento

Bendecidos por la temporada alta y la gran afluencia de turistas, nuestro Barney caraqueño estaba ahí y nos guió sin molestarse. La neblina nos sometía cada vez más y nuestro rumbo se perdía hasta que medio conseguíamos ver el morado de los atuendos que eran de él sin duda.

Soportando vientos huracanados. Cualquiera cae
Soportando vientos huracanados. Cualquiera cae

Caminamos asediados por las gélidas temperaturas que se iban agravando con el granizo y la brisa. Fue realmente fuerte. No fuerte subir la montaña, sino fuerte aguantar a que Gustavo se dignara a repartir los Flips (cereal) que llevaba encaletados consigo.

El llanto no tardó en alcanzar a nuestra nueva amiga viajera, recién unida al equipo. Dani estaba al borde del colapso. En un momento confesó que quería devolverse, lo que hubiera sido perfecto para arruinar el ascenso. Pero le dijimos “hajte la fuelte Dani, hajte la fuelte”. El humor y los flips fueron suficientes para impulsarla a seguir. Demostró lo fuerte que es.

Caminábamos sin saber que nos acechaba la muerte. Y en persona
Caminábamos sin saber que nos acechaba la muerte. Y en persona. Era Eduardo configurado por su poncho
Cumbre a la vista
La hermosa cumbre a la vista

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El camino y la niebla te hacían creer varias veces que llegabas al pico siempre. Pero no. Cuando menos esperábamos le preguntamos a Miguel quién iba adelante:

-¿Esta sí es Miguel? dime que sí.

-¡Sí es! respondió

La felicidad de ese momento no se como la describiría. Ni con mil Flips más. Admito que fui el siguiente llorón. Tanto ansiar una meta de este tipo para al final cumplirla… para mi fue demasiado.

A pesar de los 0°C que hay en una nevada como esta, el ejercicio que hicimos para ascender acabó con el frío
C U M B R E
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¡Nieve! Johan perdón por romper tus guantes.
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A bajar del pico
No lo creíamos cierto hasta que lo vimos. Frailejones de 2 metros
No lo creíamos cierto hasta que lo vimos. Frailejones de 2 metros

Bastó resguardarnos en nuestras carpas, hacer una maratón de sopas como en familia, pensar en la anécdota del día y sentir toda esa felicidad para al final darnos cuenta que no era a la cumbre del pico lo que conquistábamos sino a nosotros mismos… como dice la cita.

– Día 6 –

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Tomamos retorno hacia donde no sabíamos. Era aquella mañana donde el congelamiento había alcanzado su máximo nivel. Fue un día de agarrar mínimo. Nos fuimos de regreso a la capital merideña tomando un bus lleno de mochileros montañistas y luego una tradicional cola

expreso mochileros
expreso mochileros. Foto por Gustavo Celis
La cola
La cola que nos dieron.  Foto por Gustavo Celis
Cola con lluvia
Cola con lluvia
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Única noche bajo techo firme del viaje. Conseguimos este hotel más económico después de sobornar al recepcionista.

 

Día 7 – La historia de Cómo sobrevivimos 13 horas dentro de aguas termales

Comenzó todo como una feliz mañana en Mérida, ciudad tan amena. Aún no sabíamos que hacer y algo había que inventar.

Le dimos la lamentable despedida a Miguel y a Eduardo quienes se nos iban a Valencia para atender sus responsabilidades citadinas. Bueno, lamentable era para ellos pues para nosotros el viaje seguía.

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Luego de una visita al mercado principal de Mérida tomamos partida a nuestro siguiente destino. El plan perfecto que consistía en bañarse en las aguas termales de La Musuy mientras observábamos a la distancia las puras nieves del Pico Humboldt. Pues eso prometían los cuentos de carretera que así sería aquel baño.

Arrancamos. Más adelante en Mucuchíes nos resguardamos de la lluvia en un CDI y nos abastecimos de agua del filtro de ese CDI para ahorrarnos unas lochas.

Transporte público hasta la Musuy
Transporte público hasta la Musuy. Gustavo, Dani, yo, Rafa y Vane. De izq. a dcha.

Avanzamos hasta La Musuy que se trataba una población agrícola. Nos faltaba atravesar una colina inmensa y un largo rato en senderos para poder alcanzar aquel calor sulfuroso añorado.

Con plena confianza en las buenas actitudes de los lugareños nos propusimos hacer la siguiente maniobra. Armar las carpas, tomar “lo necesario” y hacer el extenso trayecto hasta el cálido manantial para bañarnos así fuesen solo 5 minutos.

¿Por qué tanto apuro?
Pues la niebla avanzaba despiadada. Y más atrás venían las temidas sombras: se trataba de la noche que ya estaba apunto de caer. Había que hacerlo todo a contratiempo

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¿Qué pasa con Vane y Rafa por que no siguen caminando? – Dijimos, pues no los veíamos.

De pronto el desastre:

Vanessa está vomitando – respondió Rafael.

Atacó el mal de las alturas pero debíamos  avanzar y ellos dos nos comenzaron a seguir la pista pero muy lentamente.

Seguimos caminando por largo tiempo pero nada que aparecían las aguas termales. Por la escasa información que teníamos comenzamos a dudar.

-¿Será que este no es el lugar?

-Nos equivocamos

Llegamos a un lugar que lucía abandonado, con muchas rocas esparcidas en el suelo. Vimos unos campistas a distancia (4km) y no titubeamos en preguntarles a gritos:

-¡Epa! ¿Dónde son las aguas termales?- dijimos.

-¡No hay aguas termales! Se derrumbaron- fue lo que nos respondieron.

La tristeza estaba por llegar, yo antes había oído historias de que comúnmente se derrumbaban. Para mi todo estaba perdido. Pero algo nos decía que una cosa estaba rara. Seguimos caminando por el sendero hasta que…

Sí existen, las encontramos
Sí existen, las encontramos

A punto de oscurecerse aparecieron las aguas termales frente a nosotros. Gustavo, decidido, se lanzó al agua. Vane a pesar del malestar también lo hizo. El resto nos quedamos afuera como gatos. Ni locos tocaríamos el agua.

¿Para salir después con frío? No hijo – decíamos

Hasta que una sugerencia un poco fuera de lo común nos hizo cambiar de opinión:

Muchachos, si en las carpas pasamos tanto frío ¿Por qué no pasamos la noche metidos en el agua? – Dijo Daniela

La idea fue aceptada por unanimidad. Era oficial, parecíamos un hervido de res entre tanto vapor. Solo faltaban los aliños  y una arepa.

Sancocho de gente
Sancocho de gente

La fuente de vida, El Elixir

Cayó precipitadamente la noche y el frío aumentó afuera. Nos vimos forzados a ponernos ahora en aquel lugar donde esta represa se alimenta de su riachuelo, un agua más herviente. A este lugar tan único donde la temperatura era la mejor lo llamamos El Elixir.

Luces ambulantes

Me pareció como de una película ver como aparecían luciérnagas a nuestro alrededor. Pero algo más misterioso estaba por suceder.

Habían pasado quizá unas 4 horas de remojo mientras se nos agotaban los temas de conversación cuando comenzamos a ver unas linternas destellando sus luces que parecían acercarse. Recuerdo cómo algunos sentían miedo como si nos fuera a pasar algo malo. Bueno, yo también me asusté. Nos quedamos por mucho tiempo en suspenso viendo como con cada tambaleo aquellos destellos intensificaban aún más.

-Es gente que viene

Desciframos. Hasta que llegan y los vemos caminar junto a la represa del agua termal. Causamos asombro, los asustados terminaron siendo ellos. Los saludamos y no nos devolvieron ni una palabra. Así sería su estupor. Siguieron su camino sin dejar rastro.

Parásitos Asesinos

Vanessa, quien recién había terminado el 3er año de medicina en la universidad, recordó aquellas clases de parasitología que tanto amó. Y esto fue para darnos pésimas noticias:

Muchachos, hay un PARASITO en casi todas las aguas termales que si sumerges la cabeza se te mete por la nariz, boca u oídos. Causa MENINGOENCEFALITIS (enfermedad más que mortal)

Este era otro desafío más. Durar todas estas horas de cocción en el agua sin meter las cabezas.

Elixir o arroz con pollo

Estábamos cómodos de temperatura pero se presentaron nuevos desafíos: no íbamos a comernos el calor. Rápidamente se agotaron las provisiones de comida: unas 4 parchitas con miel, unas 6 borrachitas (dulces andinos).  “Lo necesario” decían…

Nuevas luces se dibujaron en la oscuridad. Se trataba de más gente que venía hacia nosotros pero esta vez fue diferente. Al llegar ellos a la piscina intentamos socializar de inmediato.

-¡Hola! ¿Vienen a bañarse?- Les preguntamos

-Nooooo, ¿para qué?, vinimos fue a verlos a ustedes – respondió con acento  gocho y burlista uno de ellos

El sarcasmo de los visitantes nos hizo entender de quienes se trataba. Ellos eran muchachos bastante alegres y echadores de broma. Con un corto diálogo les explicamos que fue difícil llegar a este sítio. A lo que ellos responden

-Ah! ahora recuerdo. A ustedes les dijimos que las aguas termales se habían derrumbado JAJAJA –

Nosotros, iracundos por dentro, aceptamos el chiste por decencia.

Luego de unos cuantos rechinares de nuestros estómagos pidiendo alimento, vienen ellos y nos dicen:

-Muchachos, nosotros tenemos aquí un arroz con pollo, si quieren vengan y agarren-

Fuimos débiles. Mostramos el hambre. Pero lo que fue peor fue que abandonamos el elixir, el único lugar con agua de buena temperatura. Tragábamos, nos hartábamos, nos bebíamos ese arroz con pollo pero al voltear…

¡Nos habían quitado el elixir como a unos niños! Ahora lo que venía era frío. Sin hambre pero frío.

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A punto de quedar sancochados. 

Pido prudencia al ver estas imágenes. Aquí están los efectos de intentar ser un asopado

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Casi disueltos, envejecidos, leprosos, quemados, no lo se. Juzgue usted.
Casi disueltos, envejecidos, leprosos, quemados, no lo se. Juzgue usted.

Cómo dormir en aguas termales. GUÍA básica

El sueño nos tumbaba. Debimos o 1) encontrar un lugar donde la corriente no nos arrastrase o 2) abraza una piedra y úsala como almohada.

Lo siguiente fue quedarnos dormidos. Rafael y yo tuvimos la mala suerte de ahogarnos en el intento. Pero aún así conciliamos el sueño.

La Musuy, aguas termales paradisíacas.
La Musuy, aguas termales paradisíacas.

La aparición del mapache

Avistamos un animal que no sabemos que era por la falta de luz. El susto fue tremendo. Se acercó a donde dejamos las conchas de las parchitas, apenas lo vimos gritamos como niñas, pues apareció de entre la sombra a menos de 3 metros, y el nuevo aterrado fue él quien corrió fugitivo.

Presumíamos que era un mapache, sino un zorrillo, o un mapurite pero no tiene sentido que eso sea cierto. Hoy día creemos que puedo ser un coatí andino.

El presunto Coatí andino. Foto google

Lo logramos

Amaneció. No logramos ver el glacial del pico Humboldt como nos lo habían pintado. Pasamos un larguísimo rato agradable. Siempre querré recordar aquellas horas que ahora son inmortales. Pues quedaron en mi memoria para siempre.

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4 comentarios en “Travesía al Norte de Mérida (parte 3)”

  1. Excelente la historia y la travesia ahora se porque me dijiste que me habias comentado en el relato, hasta ahi duraron mis guantes jajaja espero no encontrarme en alguna nueva cronica que algo le paso a la carpa jajaja… excelente hermano sigue viajando y conociendo un dia de estos te acompaño!!!

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