Travesía al norte de Mérida – (parte 2)

Día 3 – La naturaleza ataca

A por el Domo

Acostarse emocionado por lo que sucederá al día siguiente y despertase cada media hora pensando que la alarma no sonará. Exactamente lo que me sucedió…

¡Muchachos! Ya son las 5am, es hora de salir.

Les dije fiebruamente a Dani, Vane y Rafa quienes compartían la carpa.

Aja… …

Respondían desinteresadamente. Lo que yo no sabía era que esa carpa pasó una pésima noche. La intolerancia de Vanessa al frío combinada con los terribles efectos del mal de páramo le hicieron pasar la noche sentada y sin dormir. Sucede que si te acuestas las náuseas se agravan. Rafael, ayudándola le entregó sus suéteres y aplico una medida, quizá la más extrema, anti-frío del viaje. Envolvió el cuerpo de Vanessa en periódico literalmente. Solo conseguí levantar a Miguel a esa hora de la madrugada.

Los madrugadores en Mifafí
Los madrugadores en Mifafí

Prácticamente obligándolo hice que me acompañara a conocer el Domo, un destino del cual yo estaba obsesionado con visitar desde que planeamos el viaje. Hicimos 4km de caminata hasta que ¡por fin!

La sensación de tener al Domo en frente de ti es intimidante. Obviamente me hizo recordar al domo de mi uni, la UC.
La sensación de tener al Domo en frente de ti es intimidante.
Obviamente me hizo recordar al domo de mi uni, la UC.

Emprendimos regreso para el campamento para seguir el viaje con los muchachos.

Mifafí significa para la lengua timotocuica
Mifafí significa para la lengua timotocuica “valle de vientos”.

P1070123_1 Luego de reportar nuestra salida en Inparques tomamos partida para seguir conociendo la carretera trasandina y nuestra siguiente parada.

Adiós Mifafí. Una despedida que deja nostalgia
Adiós Mifafí. Una despedida que deja nostalgia

Apartaderos

Y es que en la trasandina a donde mires es bonito.
Y es que en la trasandina a donde mires es bonito.
El monumento de la Loca Luz Caraballo
El monumento de la Loca Luz Caraballo

P1070168_1 Junto al monumento de la Loca Luz Caraballo hay niños que te recitan el poema sobre la historia de la mujer de la estatua.

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Nuestro amigo. El niño que nos recitó el poema

El niño al terminar alza su dedo hacia el paisaje y nos pregunta:

¿Ustedes saben cuál es ese cerro?

Nosotros, más inocentes que él, respondemos:

Berro, ni idea. ¡Dinos para conocer!

y nos responde con su acento gocho:

¡El cerro Torombolo! A bajarse de la mula con 100 bolo’

Eduardo consiguió su primera cola. Un verdadero logro para él. Esto nos dejó en nuestra siguiente parada. La capilla de piedra de Juan Félix Sánchez.

COLA!
COLA! ¿Qué pasó aquí, Rafa?
Selfie en la cola
Selfie en la cola

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Vane inspirada
Vane inspirada

Luego en Tabay, tomamos el transporte público, un jeep que te lleva hasta la Mucuy Alta.

Atentado en La Mucuy Alta

Admirando el bosque nublado que nos envolvía, la claridad del cielo comenzó a desaparecer y malos presagios pasaban por nuestras mentes. Actuamos inteligentemente (según nosotros), caminamos a todo dar para llegar al área de camping ubicada en el pinar donde armaríamos campamento para no sufrir tan gravemente las consecuencias de lo inevitable.

Si solo estás viendo las fotos: No seas flojo, lee así sea para saber de que se trata la foto.
Si solo estás viendo las fotos: No seas flojo, lee así sea solo para saber de que se trata la foto.

Una hambrienta plaga de zancudos comenzó a picarnos con violencia hasta en las uñas. No sabíamos si parar para colocarnos repelente o si montar las carpas para no mojarnos con la llovizna que comenzaba. Era desesperante. Todos, excepto Dani, sentíamos pánico por el agua. Recién habíamos tenido la terrible experiencia en el Roraima de ver como se mojaban nuestras cosas y luego sentir el agresivo frío que transmiten esas prendas mojadas. P1070242_1 “Lo logramos” pensamos aliviados. Ya estábamos todos dentro de nuestras carpas y el aguacero comenzó sin piedad. Nos contentó que desaparecieron los zancudos a causa del agua. Y ok, comento eso para decir algo bueno y que no me tomen como de mente negativa. Pero sigo… Miguel, mi compañero de carpa ,y yo vimos como lentamente se comenzaban a formar goteras en nuestras paredes. Y es que mi carpa era un Frankenstein, hecha con piezas de mil marcas como el sobre techo de mi brasilera amiga Lívia, las estacas de Gustavo con otras de Rafa. Total que nada era compatible. O sea, el colapso se avecinaba de manera irreversible.

Vámonos, Henry. No hay nada que hacer, ya todo está perdido.

Me reclamó Miguel. Tercamente me quería quedar a solucionar y superar de forma heroica esa noche de diluvio. Ambos pasamos aproximadamente 1 hora, quizá la hora más terca de mi vida, reparando las goteras. ¡Para nada! Salimos corriendo derrotados y como unas niñas a la carpa de Eduardo quien era el vecino más cercano. Un remedio bien costoso. La carpa de Eduardo era más bien una isla por dentro. Solo podías estar sentado en el medio sobre un aislante térmico y si te movías un milímetro te mojabas todas las nalgas con el agua helada. Nuevamente tuvimos que abortar. Nos dirigimos entonces hacia una cabaña de la zona de camping, a unos 100 metros de camino. Juraba que en la carpa de Rafa todo estaba perfecto y cuando voy y los busco

¡Una rama de un pino cayó sobre la carpa! Llevamos una hora sacando el agua con la olla de Rafael

Gritaron las chicas. Ocurrió un verdadero atentado a sus vidas . Todos tuvimos que ir hasta el arca que nos salvaría.

Foto del siniestro. Obviamente la tomé la mañana siguiente y no en medio del desastre
Foto del siniestro. Obviamente la tomé la mañana siguiente y no en medio del desastre
Si eso hizo una rama imagínense lo que hubiese hecho un pino que cayó bosque adentro esa misma noche.
Si eso hizo una rama imagínense lo que hubiese hecho un pino que cayó bosque adentro esa misma noche.

Agradecidos con esta cabaña dormimos muy bien y terminó siendo una excelente noche.

Día 4 

Amanece en la Mucuy Alta luego de la tempestad.
Amanece en la Mucuy Alta luego de la tempestad.

 La ira de Rafa

Descansados seguimos nuestro camino para lo que debimos hacer una parada en Tabay donde nos dejaría el Jeep. Habíamos sido advertidos que el pasaje del rústico costaba Bs.10. Sin embargo, parece ser que el chofer como nos vio la pinta (cara) de turistas decidió decirnos:

¡Son 30!

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Tabay

Hechos los locos dimos Bs.10 y nos desaparecimos. Pero nadie sabe qué fue lo que le pasó a Rafael, quien se quedó como pensando en el lugar de los hechos, de pronto se amotina solo, su dientes comenzaron a rechinar de rabia y le ha dicho furioso al conductor de como 70 años:

¿Y tú todavía estás esperando que te pague tus 30 bolos?

¡El chofer entró en pánico y se ha dado a la fuga! solo se le escucho decir entre dientes mientras salía corriendo en su jeep:

Te voy a llamar a la fiscalía ahora mismo.

Iglesia de Tabay
Iglesia de Tabay

Mentira. Rodó una cuadra y ahí estacionó. Al igual que usted, todos quedamos impresionados por el ataque de Rafael. Quizá se sintió en Valencia y pensó que el chofer era un colector (cobrador de pasajes de autobús) de esos malintencionados que si le pagas con Bs.100 te dan de vuelto Bs.10 y te dicen con un acento bien malandro:

¡vamo’ a ve si me trae el sencillo!

Insisto. A donde mires el paisaje es embelesedor.
Insisto. A donde mires el paisaje es embelesedor.

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Hasta que por fin, en Mérida Mérida

Seguimos el rumbo a la ciudad de Mérida. Quedamos complacidos de nuestra visita. Entendí que tiene una ubicación privilegiada nada más y nada menos que con vista a los picos más altos del país, un clima que casi siempre agrada. Nadie habla como malandro como sí ocurre en el centro del país, de donde soy, y lo que es mejor tiene unas gochas bellísimas. Lo que provoca es vivir allá.

La Catedral, hoy Basílica Menor Inmaculada Concepción. Combina estilos barroco con neoclásico.
La Catedral, hoy Basílica Menor Inmaculada Concepción. Está en mi top de templos del país, es de los más bonitos.

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Allí nos encontramos con nuestro amigo Gustavo y seguimos rumbo a La Culata. Era el día. Había que acercarnos al máximo a la montaña que queríamos ascender, el Pico Pan de Azúcar.

Mientras íbamos en el autobús vía a La Culata comenzó una lluvia que hacía que los pasajeros cerraran sus ventanillas. Gustavo y Daniela se mojaban con la escotilla del techo abierta. Gustavo fue a cerrarla pero no sabía como. El autobús entero comenzó a darle indicaciones

– A la izquierda

– Dale a esa palanca

– ¡Apúrate!

Hasta el chofer gritaba:

Uish! presione el ganchito

Sucedió lo impensable. Gustavo presionó la palanca que dice SOLO EN CASO DE EMERGENCIA y la escotilla ha sido eyectada ¡fuera del autobus! y quedó solo sostenida por su temblorosa mano. Todos los pasajeros quedamos boquiabiertos.

Nervioso logró cerrarla sin que el conductor se diera cuenta. Estuvo cerca de la ruina si tenía que pagar una escotilla aplastada por carros.

La Culata y sus desaparecidos

No éramos nosotros los desaparecidos, cuando regresé a Valencia muchos me dijeron que pensaron que sí eramos. Recibimos la triste noticia ese día de que 9 ciclistas se habían perdido entre los valles de la serranía, atrapados por la neblina como devorados por un Kraken de la montaña. Había un fuerte operativo de búsqueda de Protección Civil, Bomberos, Inparques y hasta sus amigos desplegados.

Nuestras ansias de aventura se vieron afectadas por nuestras emociones. Teníamos un plan maestro de que luego de subir el pico haríamos una “travesía”, una expedición montañas adentro en el Parque Nacional Sierra de La Culata.

La guardaparques Andrea nos advirtió:

-Están como locos si hacen eso sin un guía, ustedes no han venido antes ni conocen el camino. El clima de estos últimos días ha estado malísimo. Lluvia, lluvia y neblina.

Sintiéndonos derrotados nos dispusimos a recalcular los planes.

Adentrándonos en el paramo de la Culata
Adentrándonos en el páramo de la Culata.

El frío fue tan intenso que rompimos la regla de no cocinar dentro de la carpa. Reunidos todos los 7 en la carpa de Rafael nos hicimos unas pastas. Marcados por lo que estaba sucediendo, antes de comenzar a cenar hicimos una oración en la oscura y silenciosa noche. Una tristeza nos invadía y sentimos que debíamos hacer una plegaria por aquellas 9 bocas que de seguro no tendrían nada de comer en el inclemente frío. Pensé mucho en mi mamá y en el horroroso vacío que sentiría su alma si a mi pasase una cosa así. “-Tú que inventas tanto Henry, cuidado con una vaina ” sus palabras de siempre. Yo no me lo perdonaría a mi mismo.

Esta noche juntos nos hicimos más familia de lo que éramos. Nos tocó ser humildes frente a la montaña  y aceptar su majestuosidad. Nos pusimos a hablar hasta que el sueño no nos dejó más.

Fue otra noche de lluvia y el estado del clima de la mañana siguiente definiría si sería posible cumplir el anhelo más grande: el ascenso al Pico Pan de Azúcar. De lo contrario nos debíamos quedar sin poder hacer cumbre…


¿Quedaste picado, con ganas de más? Visita

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4 comentarios en “Travesía al norte de Mérida – (parte 2)”

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